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Son miradas furtivas, cómplices, eternamente reveladoras.
Son cruces explosivos
Es elevar los párpados en el momento preciso
Es bloquear literalmente a quien tú quieras
Es comunicar todo, o nada.
Son los típicos dos luceros que en tantos poemas han sido estampados
Son los típicos dos espejos del alma
Son dos pequeños cristales que, aunque no queramos, reflejan cada uno de nuestros pensamientos.
Es mirarnos y saber lo que el otro piensa.
Personalmente, si de algún modo sé expresarme bien es con mis ojos, mis dos pequeñas estrellas color café.
Mírame, y sabrás cuándo estoy alegre y cuándo triste, cuándo me disgusto, cuándo me divierto; cuándo algo me duele y cuándo algo me encanta, cuándo algo me fastidia o cuándo me gusta, si me importa, si me molesta, si me obsesiono, si me sorprendo, si temo algo o estoy a gusto, si siento...